El enfoque que me ofrecían mis ojos por la mañana era parecido al de una
cámara desechable durante una noche de copas, lo que mejor podía
observar eran las luces de la ciudad a través del ventanal, además de un
solo cabello que brillaba sobre una de las almohadas.
Sin
tomarme ni un respiro, comencé a recoger mi ropa de la parte baja de la
cama dirigiéndome al baño para tomar una ducha rápida, no había tiempo
para descansar, no tenia un momento para dormir.
La
noche es larga y los carros avanzan en su recorrido por la ciudad, la
gente compra, gasta y bebe, el agua fluye a través de mi cuerpo.
Era
tan hermosa la vista desde allí y tantos los lujos que la culpabilidad
amenazaba con entrar en mis pensamientos, pero el tiempo para pensar era
tan corto como el que duraría en aquel lugar.
Pantalones hasta la cintura y una musculosa blanca, sacando de su cuello cabello largo y negro para dejarlo caer.
La
chaqueta de cuero llevaba lentes oscuros guardados en uno de sus bolsillos, decidí dejarlos allí debido al tiempo.
Arregle
la larga melena llevándola a un lado, limpie mis parpados del
delineador corrido que aun quedaba en mis ojos, salí del baño.
Las botas de cuero estaban aún debajo de la cama y el aroma a vino permanecía alrededor de la habitación.
Entre las sabanas la figura de una mujer esbelta se podía percibir fácilmente y una de sus muñecas mostraba un brazalete de plata.
- Casi lo olvido.
Botas de combate estaban junto a las mías y un chaleco antibalas estaba tirado en la poltrona ubicada frente al ventanal.
- Y pensar que habían sido tantas sus críticas cuando nos conocimos.
Termine de colocarme las botas, sentado sobre la poltrona, las luces de la noche iluminaban la habitación del décimo piso.
Cerré las cortinas por educación.
Me acerque al chaleco nuevamente, deje las llaves sobre la almohada en la que hace unos minutos me encontraba descansando.
Apague todas las luces antes de salir de la habitación.
Al entrar al elevador recibía las mismas miradas de siempre, muchos sabían sobre mi en aquel lugar, era uno de mis favoritos.
Pero
aquellas personas probablemente observaban mi altura, mi cabello
hasta la cintura y la falta de busto en mi pecho para el rostro que
tenia.
Sin prestar demasiada atención a aquella rutina, le pedí al encargado las llaves del auto al encargado.
Sin embargo al pensarlo durante unos segundos, decidí tomar un taxi.
- El avisarle la ubicación más tarde, no me traería más que problemas..
Dentro
del taxi las luces de neón y de otros autos iluminaban mis ojos
en múltiples colores, saque dinero de mi bolsillo pagando por adelantado.
La
música, me hacía pensar que debía haberme quedado por
más tiempo, di el nombre de mi destino mientras el taxista echaba una
mirada a través del retrovisor.
Note el cenicero dentro de la guantera abierta, pero pedí permiso para fumar de igual manera.
Al
obtener la aprobación que quería me relaje sobre el espaldar,
encendiendo un cigarrillo, colocándolos entre mis labios.
Por más que la música me hiciera sentir nostálgico, tenía responsabilidades con las cuales cumplir.
El
ajetreo en la ciudad, los tacones altos de las mujeres, el club al que
me dirigía y el cigarrillo entre mis labios, me hacían recordarlo
durante el recorrido.
La noche es larga, el mundo aun no acaba.
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